lunes, 24 de enero de 2011

Programa Nº 63

Enlace de descarga:
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Contenidos:
- Poesía: "Nocturno muerto" de Xavier Villaurrutia.
- Historia del cine: los inicios del cine japonés.
- Estrenos cinematográficos: Apichatpong Weerasethakul, Gerardo Olivares, Atom Egoyan y Lee Chang-Dong.
- MACBA: Paul Klee.
- Música: Ghédalia Tazartès, Arcade Fire, Bill Orcutt, Country Dick Montana, Olivia Block & Kyle Bruckmann, John Carter & Bobby Bradford, Cindytalk y Core of a Coalman.

Ghédalia Tazartès: "Ante-Mortem"


"Ante-Mortem" is one of Ghédalia Tazartès’ major works of the last 20 years. Although simply named 1 to 23, the CD bears a collection of very diverse tracks, a couple of them connected in a thematical frame, others simply standing for themselves.
What holds them all together is first and all Tazartès’ archetypical voice. One could say that "Ante-Mortem" contains some of his harshest ever tracks as well as a couple of his most humorous ones. Anything by Ghédalia Tazartès comes highly recommended, an artist with a truly unique and genuine musical vision.

Historia del Cine

Las primeras películas de cine proyectadas en Japón fueron, como en muchos otros países, las de los hermanos Lumiére de 1897. Pero rápidamente se comenzaron a rodar películas hechas en Japón siguiendo los modelos occidentales y en 1908 ya existían cuatro compañías de producción haciendo sus propias películas. Algo más tarde nació la compañía Shochiku, que sigue siendo aún en la actualidad la más famosa y exitosa de Japón. Pero su más importante peculiaridad es que Shochiku ya producía obras de teatro antes de dedicarse al cine, lo que marca una de las grandes diferencias del nacimiento del cine japonés respecto al occidental.
El hecho de que el cine japonés creciera a partir del teatro es profundamente importante. La mayoría de las películas hechas en ese país en los primeros tiempos del cine eran versiones filmadas de los dos estilos dominantes del teatro popular: el kabuki y el shimpa.
La cámara grababa frontalmente toda la escena. Los actores vestían trajes tradicionales y llevaban el maquillaje típico de este teatro, y solamente había intérpretes masculinos, que representaban los papeles tanto de hombres como de mujeres. Los actores no se tocaban durante las escenas de lucha y el movimiento se congelaba periódicamente para enfatizar ciertos momentos. Cuando los personajes morían, hacían una voltereta hacia atrás. Y de forma aún más significativa, normalmente un narrador o benshi estaba colocado detrás de un atril, a un lado de la pantalla de cine, para explicar la trama, hacer comentarios acerca de los personajes y añadir en algunas ocasiones efectos de sonido. En definitiva, se seguían todas las convenciones del teatro tradicional japonés.
Estos narradores o benshi habían comenzado a tener su influencia en la forma de producir las películas en torno a 1908, reclamando escenas más largas para que les diese tiempo a describir y explicar la acción. Algunos benshi se hicieron famosos y comenzaron a tener sus propios seguidores. Continuarían dominando la exhibición de películas japonesas hasta finales de la década de 1930, y su presencia significaba que los actores de las películas no tenían que simular que hablaban, como ocurría en las películas mudas de los países occidentales, puesto que ése el trabajo del benshi.
Las historias narradas por éste se apartaban en ocasiones de lo que se mostraba en pantalla y no seguían estrictamente el ritmo de las imágenes, siendo éste un rasgo que desvela un aspecto netamente diferenciado de la cultura japonesa respecto al mundo occidental. Esta separación de palabras e imágenes se puede apreciar ya en los antiguos rollos de pergamino japoneses, antecedentes del cómic, en los que entre las complejas ilustraciones se intercalaba una historia escrita, sin que se intentara integrar las dos partes.
Así era también con el cine. Mientras que Edwin S. Porter, la película sobre el asesinato del duque de Guise y otros directores occidentales estaban empezando a contar historias desde dentro de la propia película, los directores japoneses no. Las imágenes del primer cine japonés son extraordinariamente similares a las del teatro. Decir que hasta finales de los años 30, la mayoría de las películas japonesas necesitaban un narrador para poder ser entendidas no significa que fueran realizadas de un modo incompetente, sino que procedían de una tradición cultural y visual en la que el espacio jugaba un importante papel.
Los escenarios teatrales de kabuki de la época solían tener un telón de fondo plano, pintado con exquisitos paisajes, pero estos decorados no intentaban crear una falsa ilusión de perspectiva o profundidad, sino que enfatizaban el espacio plano y la superficie del papel.
Aunque los espectadores y directores japoneses veían películas occidentales y les gustaban, no sentían la misma necesidad de colocar visualmente al público en el centro de la escena, como harían los directores occidentales entre 1908 y 1918. No fue hasta la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial que el modelo cinematográfico occidental se impuso en el cine japonés.

Apichatpong Weerasethakul: "El Tío Boonmee Recuerda Sus Vidas Pasadas"


Llega a nuestras pantallas la película ganadora en el último festival de Cannes: “El tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas”, del director tailandés Apichatpong Weerasethakul. De repente, el cine se exhibe como un ejercicio radical en el que, literalmente, se inventa una forma de comprender el mundo, cualquiera de ellos".

"No es cine, es un animal que sangra", según las palabras del crítico Luis Martínez, aunque no todos están de acuerdo con él, que ya se sabe que en nuestro país, la falta de criterio entre la crítica cinematográfica, como en cualquier otro campo, es una tónica general.
En cualquier caso, para Nando Salvá, de El Periódico, "se trata de una obra maestra (...) una película en la que sumergirse, una meditación de increíble ternura sobre nuestro lugar en este mundo, en el otro, y en las diversas áreas que hay en medio (...)".

Gerardo Olivares: "Entrelobos"


Basada en la vida real de Marcos Rodríguez Pantoja, un hombre que de niño fue vendido por su padre a un pastor, con el que aprendió a cuidar cabras, a cazar, a buscar comida y a hacer fuego. Pero cuando el pastor un día desapareció, el joven Marcos se quedó solo, y comenzó a convivir con los lobos que descubrió en una cueva.

Atom Egoyan: "Chloe"


La nueva película del canadiense de origen armenio Atom Egoyan se llama “Chloe”, un remake que mejora al original y por fin un filme de mujeres en inglés que supera a los franceses en el género que mejor hacen. Si habías estado esperando desesperadamente una "Atracción fatal" lésbica que trata de ser al mismo tiempo ingeniosa y grosera, tu deseo ha sido concedido.
Sin embargo, el crítico Sergi Sánchez afirma que "los dos primeros tercios de la película aspiran a ser un estudio del deseo femenino (...) la atmósfera funciona, y Egoyan se pone la gorra con visera de realizador eficaz. Pero cuando la trama deriva hacia una versión penosa de 'Atracción fatal' la ilusión se desmonta y la película se hunde".

Lee Chang-Dong: "Poesía"


En una pequeña ciudad de la provincia del Gyeonggi, dividida por el río Han, Mija vive con su nieto, que está en el colegio. Es una mujer excéntrica, llena de curiosidad, que disfruta cuidando su aspecto y exhibe sombreros con motivos florales y vestidos con vivos colores. El azar la lleva a asistir a cursos de poesía en la casa de la cultura de su barrio y, por primera vez en su vida, a escribir un poema. Busca la belleza en su entorno habitual, al que no había prestado ninguna atención especial hasta ese momento. Finalmente, tiene la impresión de descubrir cosas que siempre ha visto y eso le encanta. Sin embargo, se produce un suceso inesperado que le hace darse cuenta de que la vida no es tan hermosa como creía.